Aceptar la deficiencia

Por Guilherme Bara

 

Cuando perdemos la vista a lo largo de la vida, principalmente durante la adolescencia, muchas veces, sufrimos con el principal obstáculo para adaptarnos y convivir bien con esta nueva situación, el auto-prejuicio.

 Las personas con deficiencia adquirida no están libres de uno de los sentimientos inherentes al ser humano: el prejuicio.

 Proyectamos en la sociedad nuestra propia visión con relación a la deficiencia. Nuestra dificultad de aceptar lo diferente, de hacer evidente una dificultad, de aceptar a las personas fuera de lo común.

 Criados en una cultura excluyente, en la que el mundo es protagonizado por super hombres y mujeres, muchas veces tardamos en encontrar el camino alternativo para hacer las cosas con naturalidad. Leer usando braille, pedir ayuda para encontrar algo o andar con auxilio de la guía, son aptitudes que negamos en pro de una supuesta normalidad, de forma que sea aceptada por la sociedad y por nosotros.

 Negamos la ayuda, decimos no al recurso, ignoramos herramientas por considerarlas como símbolos de una situación de inferioridad, de incapacidad.

 Buscamos lo común para ser aceptados, para aceptarnos a nosotros mismos.

 Insistimos en fingir que somos lo que no somos.

 Pero llega un momento, por suerte, en que todo sale mal. Tropezamos escandalosamente en el escalón que fingimos ver, piropeamos a la chica equivocada, entramos por la puerta que estaba cerrada. Solo en ese momento sentimos el dolor del cambio, un dolor profundo que nos hace parar para reflexionar, parar para buscar un nuevo camino. Nos hace pensar si somos más grandes o pequeños que los símbolos, de los que insistimos en huir.

 Antes o después, con menos o más dolor, encontramos el camino. Nos damos cuenta de que más grande que cualquier símbolo es la persona y sus aptitudes; nos damos cuenta de que no engañábamos a nadie, y entonces comenzamos a asumir nuestra situación y los recursos para tener plenitud en nuestras acciones.

 Quien dependía de alguien para leer el texto, pasa a usar el braille o el lector de pantalla; en vez de pedir ayuda para ir hasta la esquina, andamos con autonomía usando un bastón; preguntamos donde está en vez de disimular para buscar. Cuando asumimos los recursos nos damos la oportunidad de ser  capaces.

 El primer paso para la inclusión es incluirnos a nosotros mismos, ya que la aceptación de los otros pasa, inicialmente, por nuestra propia aceptación.

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Comentários

  • Karin Willeke disse:

    Estimado Guilherme!!!
    Tienes tanta razón, para incluirnos dentro de la sociedad, primero que todo como mencionas,debemos vivir el duelo, tener filosofía de vida clara y aceptanos con amor y gratitud por las nuevas habilidades que vamos adquiriendo en el caminio.

    Sin duda, es más difícil cuando en algún momento de la vida tuvimos todos nuestros sentidos y con el tiempo, por alguna situación de un minuto a otro, la vida cambió en 180 grados.

    Cada a vez que logramos algo, aunque sea un pequeño detalle, es un gran logro, un triunfo, porque nos fortalecemos, nos hacemos cada vez más fuertes, adquirimos nuevas habilidades que sin duda, somos ejemplo para miles de personas que en muchas ocasiones no disfrutran de las cosas más sencillas y más linda de la vida.

    Las personas que tenemos capacidades especiales generalmente nos vamos a caracterizar por ser más valientes, responsables, perseverantes y luchadoras.

    Sólo puedo decir que comparto plenamente tu pensamiento, y que así también, nosotros debemos generar las instancias para educar, informar a las personas, porque muchas veces los prejuicios son pensamientos erróneos por falta de conocimiento.

    El no saber no es pecado, pero si podemos transmitir lo lindo y maravilloso que tiene nuestro mundo e invitarlos a participar de ello, sensibilizar, sin duda, estaremos en un lugar sin fronteras con las oportunidades en que todos podamos aprender del otro.

    Es un bonito desafío tanto para las personas individuales como para toda una sociedad independientemente de su idiosincrasia.

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